Jornada de intercambio sobre cómo medir el impacto de las organizaciones de cultura comunitaria.

El lunes 5 de noviembre, de 9:30 a 18:30 se realizó una jornada de intercambio sobre cómo medir el impacto de las organizaciones que llevan a cabo actividades de cultura comunitaria, en el marco del Programa Puntos de Cultura, con el apoyo de Ibercultura Viva. Participaron más de 30 colectivos culturales.

La bienvenida estuvo a cargo de Paola Gallia, Directora Nacional de Diversidad y Cultura Comunitaria, de la Secretaría de Cultura de la Nación, quien destacó la importancia del Programa Puntos de Cultura para el fortalecimiento de la cultura comunitaria de nuestro país. Participó del panel Begoña Ojeda, Directora de Programas Culturales y Ciudadanía Cultural de Uruguay.

El primer expositor del día fue Diego Benhabib, Coordinador del programa Puntos de Cultura, quien se expresó acerca de la magnitud del sector y el impacto que generan los Puntos de Cultura, ya que un cuarto de la población argentina participa de algún tipo de actividad o espacio vinculado a la cultura comunitaria (ECC), teniendo en cuanta que hay más de 50.000 experiencias organizadas en nuestro país.

También relató el trabajo sobre análisis de impacto, realizado en 2014 sobre 34 PDC y con el apoyo de 13 universidades de todo el país. Para ello se tomaron 4 ejes de análisis, con el fin de rescatar los cambios que se produjeron en las organizaciones al formar parte del Programa: fortalecimiento y vínculo de la organización con el territorio, percepción de los participantes que llevan adelante la acción y pertenencia a un colectivo más amplio. Los resultados, a grandes rasgos, fueron: cambios en las relaciones entre los puntos y su barrio de origen, cambios en el plano subjetivo e interpersonal, mirada menos estigmatizada sobre los jóvenes que participan de talleres ofrecidos por los Puntos y acceso de las poblaciones de barrios populares y asentamientos rurales a actividades culturales asociadas a las organizaciones que forman parte del programa.

Gerardo Sánchez, Coordinador del SInCA (Sistema de Información Cultural de la Argentina) comentó que la evaluación de impacto es uno de los numerosos métodos que existen para medir las relaciones causales entre los bienes y servicios que brindan los programas públicos y las problemáticas que pretenden resolver. Así mismo, advirtió que no siempre se cuenta con las condiciones para llevarla a cabo. Uno de los principales problemas que enfrenta este método de evaluación es la falta del contrafactual. También el costo económico de llevar adelante este tipo de mediciones resulta elevado.

Por último, se refirió al impacto que tienen los centros de jubilados en el sector, tomando como base la Encuesta Nacional de Consumos Culturales partiendo ¿Los centros de Jubilados estimulan la participación/consumo cultural, de los Jubilados?, teniendo como respuesta que el 21% de las personas mayores de 60 asisten al menos una vez al año a un Centro de Jubilados y realizan actividades culturales.

Inés Sanguinetti, Directora del Fondo Nacional de las Artes contó la experiencia de articulación de Crear Vale la pena (organización de la cual es su alma mater) con otras áreas del estado con Entornos Creativos. Expresó que el arte transforma la vida, como un mundo que contiene, que integra lenguajes, formas diferentes de ver y de hacer.

María del Carmen Tamargo, Especialista en evaluación de Políticas Socioculturales expresó las diferencias entre los conceptos de evaluación e impacto y la importancia de que estas estrategias estén incluidas en la planificación de las organizaciones. Puso el acento en la necesidad de delimitar las expectativas a la hora de diseñar, con el fin dimensionar con claridad y evitar “decepciones” a la hora de relevar resultados e impactos’.

Luego del almuerzo, Margarita Palacios (Asociación de Mujeres “La colmena”, San Martín), Andrea Hanna (Matemurga, CABA) y Romina Sánchez (La Minga, club teatral, CABA) hablaron acerca de algunas mediciones que realizan estas organizaciones que forman parte de la Red Nacional de Puntos de Cultura. Margarita relató la forma en la que se fue construyendo la organización que lidera a través de los años, en un territorio con muchísimas dificultades, y su incidencia para generar proyectos de vida alternativos e impedir que se instale el narcotráfico en su comunidad.

Andrea compartió la experiencia de la que forma parte en Matemurga, un grupo de teatro comunitario de Villa Crespo, de cómo esta organización “mide” su impacto, relató una experiencia de encuesta realizada, a través de la cual se pudo recabar información sobre el público que concurre a las presentaciones. Pero, muchas veces no hay demasiado tiempo para relevar, escribir o sistematizar. También señaló también que se trabaja sobre percepciones y no sobre datos precisos, lo que significa un tema a resolver.

Esta mesa fue cerrada por Romina Sánchez, quien mostró algunas imágenes del trabajo que realizan desde La Minga, centro cultural que funciona en el barrio de Boedo. También compartió la manera en que esta organización trabaja de manera solidaria, explicó su sistema de “Precio Sugerido” para las entradas; cómo piensa la inclusión en términos de dar espacio a artistas emergentes y cómo amplía la participación al estimular la diversidad de propuestas.

En el transcurso de la tarde se armaron grupos de trabajo en los que los participantes pudieron pensar juntos los conceptos que se trataron en los paneles. La consigna fue encontrar objetivos comunes a las organizaciones y pensar en estrategias de medición que permitan optimizar cada uno de los trabajos. Promover la identidad y la diversidad cultural, generar inclusión, crear redes de trabajo y generar participación social fueron algunos de los objetivos que se destacaron.

Las conclusiones finales comenzaron alrededor de las 17hs. Cada grupo estuvo representado por un participante que compartió con el resto el punteo elaborado en su espacio de trabajo. Hubo muchos acuerdos en torno a la dificultad de medir los aspectos cualitativos acerca del impacto de cada una de las organizaciones y la necesidad de contar con la mayor cantidad de información sobre cada una de las actividades que se realizan.

Durante el cierre, abundaron los ejemplos acerca de la capacidad de transformación que tiene la participación comunitaria y cómo los aspectos cuantitativos no reflejan, en la “medida suficiente”, lo relevante de una actividad. Para finalizar, se remarcó la importancia de lo afectivo como motor de cada una de las tareas que construyen la vida de las organizaciones comunitarias.

Para todo el equipo de Puntos de Cultura esta jornada fue una experiencia muy enriquecedora y constituyó el puntapié inicial para empezar a elaborar, de manera conjunta, indicadores culturales que permitan dar cuenta del impacto que generan las organizaciones de la cultura comunitaria en territorio. Estamos convencidos de que la pregunta ¿cómo medir el impacto de nuestras organizaciones?, que guió esta actividad es básica para comunicar el enorme valor que aportan al desarrollo de nuestra sociedad las actividades promovidas desde la cultura comunitaria.